El Hombre De Atenas vs El Hombre de Jerusalem. ¿Y El Hombre Oriental?

 

 

Nuestra civilización contemporánea en el que nos movemos los occidentales es como un pastel. El baño del pastel es el revestimiento de la moralidad Judío-Cristiana, pero el pastel en sí es plenamente griego. Nuestra aproximación epistemológica, a la justicia, la economía, la comunidad, la política, la educación y los negocios se derivan de la filosofía griega, templada por la influencia moral Judío-Cristiana.

Una vez que nos comemos el baño del pastel (y hemos consumido una gran parte en los últimos 500 años), lo que nos queda es el pastel griego. Nuestra tarea es examinar el verdadero pastel griego que yace debajo del baño. Debemos hacerlo porque es necesario que comprendamos las consecuencias inevitables de sostenernos mediante el consumo de pastel griego.

La Palabra de Hoy solo es la diferencia entre la perspectiva del mundo basada en la filosofía griega y la perspectiva hebrea. El Dios de la Biblia no es griego.

Los hombres y mujeres de la Biblia no son griegos. Ni siquiera lo son los libros del Nuevo Testamento. Es evidente que algunos de estos libros fueron escritos en griego, pero los hombres que los escribieron, y los patrones de pensamiento que utilizaron, eran profundamente hebreos.

La perspectiva hebrea es radicalmente diferente a nuestra apreciación occidental contemporánea del mundo, la cual descansa en el modelo griego. Una vez que comenzamos a ver las diferencias, descubriremos nuevas esperanzas para nuestra existencia física y espiritual. De hecho, este descubrimiento en verdad no es en nada nuevo.

Es tan antiguo como las arenas de la playa del día en que Dios dijo según los Hebreos a Abraham, “de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicare en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar” (Génesis 22:17).

Una de las razones por las que se nos dificulta tanto a los occidentales poner en práctica nuestra espiritualidad en nuestra vida cotidiana es que nunca nos hemos tomado el tiempo para comprender estas diferencias. Somos parte de una herencia que se remonta a la Grecia antigua; cientos de años antes que Cristo caminara sobre las carreteras de Galilea. También somos parte de una sociedad reconfigurada por más de dos milenios por las influencias romanas y cristianas.

El mundo de los griegos no se parecía en nada al mundo de los hebreos. Los griegos son los padres del pensamiento occidental dominante. Los hebreos son de trasfondo oriental aunque no son solo ellos como veremos más adelante. Los griegos eran una cultura de ciudades-estado, un estado de gobierno por el pueblo, de diversidad étnica e historia intelectual de la razón y la teoría. Los hebreos eran una genealogía de descendencia tribal, de gobierno por la revelación del carácter de Dios, una cultura de peregrinos nómadas y con historia intelectual de sabiduría práctica y rituales culticos.

Nosotros somos el producto de estas dos corrientes. Pero no hemos tomado el tiempo para ver cómo nos afectan estas dos fuertes corrientes. No hemos escuchado las diferencias entre las respuestas griegas y hebreas a las grandes preguntas de la vida y mucho menos a las demás filosofías orientales. Y como no hemos comprendido que existe una diferencia enorme, continuamos con toda clase de problemas cuando intentamos practicar una fe en Dios basada en la cultura hebrea dentro de un marco de referencia basado en la cultura griega.

Es sumamente difícil intentar vivir en los dos lados del abismo creado por las enormes diferencias entre las respuestas a estas complejísimas preguntas que señalo a continuación cosa que no sufren los orientales. Esta dificultad se manifiesta en la tensión en la vida cristiana, en nuestra interpretación Bíblica y nuestra relación con Dios que Afecta lo que pensamos sobre nosotros mismos, nuestras relaciones con los demás y la concepción de Dios.

Estas dos corrientes culturales en que nos desenvolvemos griega y Hebrea, contestan preguntas fundamentales de manera muy diferente ya no digamos las filosofías orientales:

¿Qué es el Hombre?

¿Cuál es la naturaleza del universo?

¿Quién es Dios?

Los griegos responderían así:

1. El Hombre es único en el mundo puesto que es la única criatura capaz de ejercer la razón. Su pensamiento racional hace al hombre lo que es.

2. El Hombre puede conocer la verdad por medio de sus habilidades racionales.

3. El mundo puede comprenderse plenamente por medio de la investigación racional.

4. El conocimiento es poder.

5. Las instituciones sociales son extensiones de las habilidades y conocimientos del Hombre.

6. El Hombre es capaz de resolver los problemas del mundo.

7. El Hombre no tiene limitantes cognitivos.

8. La autosuficiencia es la actitud necesaria para cumplir cualquier cosa imaginable.

9. El destino del Hombre es el de controlar su mundo.

10. El hombre tiene una chispa divina dentro de sí. La realización propia nos lleva hacia esta herencia divina.

11. Todos los caminos religiosos nos llevan a la iluminación espiritual.

¿Cómo responderían los hebreos a estas preguntas?

Dirían algo así: (perdonen el uso de una técnica griega para hacer esto).

1. Toda la creación comienza y termina con Dios.

2. El Hombre no es diferente al resto de la creación (es finito y dependiente) pero, al mismo tiempo, es creado para tener una relación diferente y especial con su Creador. Esa relación es un regalo de Dios.

3. El Hombre es completamente dependiente de Dios aun cuando no reconozca esta dependencia.

4. Todo aspecto de la vida del Hombre yace bajo la soberanía y el control de Dios.

5. El problema más grande del Hombre es su decisión de rebelarse contra su Creador.

6. El Hombre no tiene chispa divina. Ha “caído” de su diseño original y ahora es un violador desobediente de la armonía perfecta de Dios.

7. El Hombre es incapaz de resolver su problema más fundamental por sí mismo.

8. Dios juzgará las acciones del Hombre según el parámetro de santidad absoluta.

9. Dios es el enfoque central de toda la creación, no el Hombre.

10. El conocimiento, la confianza en uno mismo, son necedades seductoras en cuanto al verdadero problema del Hombre.

11. La Verdad de Dios es poder.

12. La sabiduría es la aplicación de la Verdad de Dios.

13. Dios es el único Ser capaz de decidir lo que es bueno y cierto.

14. Dios espera que todos los hombres sigan sus instrucciones para la vida (la Tora).

Esto nos ayuda a ver las profundas diferencias entre estas dos apreciaciones del Hombre. Fundamentalmente, la perspectiva hebrea es que Dios es el agente principal en este universo. Todo gira alrededor de Él, de Sus propósitos, Su voluntad y Su control.

La perspectiva griega cree que el agente principal del universo es el Hombre. Los elementos más importantes del mundo son las metas, creaciones, habilidades y decisiones del Hombre. Estas dos corrientes simplemente no son compatibles. Las diferencias son tan distantes que no existe posibilidad de transigencia alguna quizá por eso estamos como estamos.

Pero si nos empapamos más de las filosofías Orientales que son menos dogmaticas que la Hebrea nos ayudarían a responder a las preguntas básicas de la existencia en el contexto occidental en que nos desarrollamos. Sobre ello hay tres ideas básicas en la filosofía oriental: la realidad es cambio, el universo es unidad armoniosa donde todo se corresponde y por ultimo el hombre es capaz de transformarse,

Estas tres ideas penetran las variaciones del pensamiento oriental y responderían también a las preguntas universales: ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? ¿A dónde vamos?

Siendo las respuestas fundamentales y base del pensamiento oriental que Somos cambio, venimos de la unidad, vamos a ella. Somos de dónde venimos y a donde vamos.

Los orientales conciben a la realidad como flujo y cambios perpetuos. Pero estos cambios no corresponden a un caos, sino a una evolución con sentido donde todo sucede por mutaciones encauzadas dentro de las leyes naturales del movimiento.

El tipo de mutaciones permitidas son las que siguen tres modos posibles de cambio:

Armonía: la realidad es un camino en el cual comienza en el estado indiferenciado y opera en varios ciclos según el principio de reversión, para nivelar los opuestos y volver a la armonía inicial.

Metamorfosis: Es la ley que ordena el continuo cambio cósmico, la dialéctica o interacción entre opuestos y se encuentra relacionado con los conceptos de karma y armonía. La transformación es el karma en acción para restaurar el equilibrio de la armonía universal.

El retorno: es una idea profundamente arraigada en la mentalidad de oriente; en el mito cosmológico hindú donde la naturaleza cíclica de la creación y destrucción del universo. No se separa creación de creador y postula un ser que segrega de sí y recoge al universo. Los actos de creación y de recogimiento universal se repiten en intervalos que son periódicos de inmensa duración, que van marcando un ritmo de cambio que es cíclico.

La realidad es todo el universo, lo existente, lo material y mental y espiritual. El gran aporte de la filosofía hindú es la idea de la unidad del universo y la perfección humana lograda y el aporte de la filosofía china reside en la forma de ver el mundo y de vivir integrado en el fluir de la naturaleza. Se excluye el concepto de ley y lo sustituye el orden. Por ejemplo “El taoísmo propone la espontaneidad, dejando que las cosas tomen su curso natural, que fluyan, sin forzar las acciones ni interferir en su desarrollo. Todo lo que sucede es parte del Tao o dios como se le quiera nombrar y cada ser humano debe buscar el "Camino" en su interior.

Cabe destacar la gran importancia que está tomando toda la filosofía oriental en el mundo occidental, ya sea desde el yoga, la meditación, la filosofía zen, el budismo y el taoísmo Por otro lado se está formando una unidad entre el mundo oriental y occidental de formación griego-hebrea generando una nueva cosmovisión acerca de los temas tratados por el hombre durante su existencia y proporcionarle mayor estabilidad emocional tan necesaria en el mundo actual.

Referencias: Dr. Skip Moen.

Marian Vázquez Alonso "Maestros Espirituales de Oriente", Robin Book, 1998.

Coomaraswamy, Ananda: "Hinduismo y Budismo. Paidós, Barcelona, 1.997.

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