Conmemoración NO Celebración UNAM

 

La conmemoración del centenario de la Universidad Nacional constituyó la única conmemoración que no celebración digna de las efemérides patrias, por su sobriedad, introspección crítica y claridad de proyecto. Contrastaron con esta si mojiganga celebración dispendiosa organizada por los poderes formales, carentes de memoria y de consenso de los ciudadanos.
Sobresalió la presencia austera y convincente de la rectoría, encarnación de la trayectoria de una comunidad académica sin par, tanto como las aspiraciones colectivas que con lealtad ha servido. La palabra rector designa no sólo al "superior de una universidad", sino también a "quien rige y gobierna una comunidad". Es el caso.

La Constitución atribuye al Estado la "rectoría del desarrollo nacional" orientada al "crecimiento integral y sustentable, la justa distribución del ingreso y la riqueza, el fortalecimiento de la soberanía de la nación y de su régimen democrático, que permitan el ejercicio de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales". Todo aquello que el gobierno ha sepultado durante 30 años.
El doctor Narro abogó en ese sentido y recordó el propósito fundacional de la Universidad como "institución liberadora, capaz de dar al país emancipación mental y sustento para su progreso material".
Citó las "responsabilidades esenciales" de la UNAM "en la custodia de la memoria histórica de México, el desarrollo democrático y la formación de liderazgos en todos los campos del saber y del quehacer humano". Fue enfático en la condena de la desigualdad, la exclusión y la ignorancia, que impiden generar "el verdadero progreso". Llamó a dar un "gran salto" hacia un México con equidad, solidaridad y justicia.
"Pensar en grande y para el largo plazo" fue su reclamo

 

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ENTREVISTA * El Doctor José Narro Robles habla sin solemnidad de su pasado.

El rector al descubierto
lunes, 27 de septiembre de 2010

México, DF * El Universal. Hacía mucho tiempo que me había puesto como reto el poder entrevistar al Dr. José Narro Robles, cuando logre la cita para poder platicar con él, me imaginé que sería una de las entrevistas más serias y que me costaría bastante trabajo plantear ciertas preguntas dentro de mi estilo, pero cuál sería mi sorpresa, que me encontré con un hombre abierto, con gran sentido del humor, esto amén de su brillantez de la que me había percatado cada vez que lo escucho participar en algún foro.
Y qué buena oportunidad de entrevistarlo las vísperas del Centenario de la UNAM.
¿Cómo fue el niño José Narro?
Creo que un niño normal, tal vez con algunos rasgos de responsabilidad exacerbados. Fui el mayor de ocho y me gustó tener responsabilidades para con mis otros hermanos, fui un niño al que le gustaba participar en deportes, leer, pero sobre todo pensar e imaginar cosas.
¿Qué se imaginaba?
Mis amigos y yo gozábamos con recrear cosas que veíamos o leíamos. Recuerdo muy bien que de niño vimos una película, era la primera versión de Viaje al centro de la Tierra. Nos encantaba imaginar, crear, pensar que un viaje así sería algo que nosotros pudiéramos hacer, ¿qué pasaba en el centro de la Tierra?, ¿había fuego?… Era una cosa de pensar no nada más en lo individual sino en lo colectivo.
¿Deporte favorito?
Sí, me gustaba mucho el béisbol, sobre todo la posición de ser cátcher, quien tiene un papel interesante.
¿Cuál?
Mandar las señales, tienes que estar "a las vivas", tener visión panorámica del campo y dirigir a tus compañeros.
¿Lo vestían de alguna forma que no le gustara?
¡Sí, cómo no! Como éramos muchos, a veces había que usar parches en las rodillas para que cuando uno jugara canicas no se desgastara tanto el pantalón.
No abundaban los recursos económicos, había que ser cuidadosos y, como un acto de prevención, mi mamá nos ponía los parches, ¡los parches! La verdad no me gustaba lucirlos.
¿Y a qué más jugaba, al yoyo, al balero?
Jugábamos de todo: yoyo, balero, canicas, aro. A mí me tocó una época en la que jugábamos mucho con el aro, con el trompo. Los juegos de la niñez de los años 50 eran mucho más creativos que los de ahora.
¿Fue un buen estudiante?
Honradamente, siempre fui buen estudiante. ¡Vaya!, a veces, visto retrospectivamente hasta digo, ¡qué aburrido! Casi siempre era elegido como jefe de grupo, y siempre fui el abanderado en la escolta en quinto y sexto año.
A ver, todos los chavos de esa época integraban grupos musicales, ¿usted no?
¡Sí, cómo no! Tocaba la batería, era malísimo y el grupo malísimo igual que yo, pero seguramente de ahí mi afición al rock and roll. Me encanta. Le puedo decir casi el día en que escuché por vez primera una canción de Los Beatles; la electricidad que me recorrió el cuerpo fue una experiencia fascinante.
¿Y cuándo fue ese gran descubrimiento?
La primera vez fue en una estación de radio, estaba ya en la preparatoria, en 1964. No los había descubierto antes y fue realmente espectacular.
¿Cómo se peinaba en esa época?
Me gustaba peinarme con un mechón cruzado como el torero que usaba el cabello largo en la frente que se llamaba Manuel Benítez, el famoso Cordobés. También usé el cabello largo porque aunque no me lo crea, también tuve cabello.
¿Cómo se vestían?
Me tocó una época en la que la moda cambió mucho. Fue una época muy cambiante, los años 60, desde los pantalones de tubo hasta los acampanados o amplios. Desde los suéteres tipo César Costa. Ya en la preparatoria era algo más contestatario, por supuesto las camisas de colores estilo West Side Story y su influencia de camisas moradas, rosas, que no se usaban, camisas negras también, de ese tipo, y por supuesto, el cuello alto.
Joven inteligente. Pues sí, la verdad no quisiera ser presuntuoso. No me costaba tanto trabajo, ponía mucha atención en el salón, hacía lo que tenía que hacer, cumplía con las tareas, me gustaba estudiar, averiguar. Era una época diferente a la que vivimos ahora. Había que buscar la información.
Pecado de juventud
Descubrí el amor tempranamente; el amor, el cariño y la amistad, pero no, ni siquiera fue un pecado de juventud porque fui un joven bastante consistente. No digo que no haya tenido pecados ni errores. Tal vez algunos, como llegar tarde a casa o cosas de ese tipo, ya cuando uno tenía autonomía, libertad.
¿Era muy atrevido? No, no lo era. Sin duda, aburrido. ¿A su juicio?… A juicio de algunas de mis amigas y de mi novia de entonces, no. (Risas)
¿Algún mal pensamiento?
Siempre buenos.
No, no, no. Tiene que haber tenido uno malo. No, cuando uno descubre el amor, descubre muchas cosas.
¿Qué disfruta de la vida, lejos de ser el rector?
Hoy disfruto mucho a mis nietos, a mis hijos, a la familia, pero también la música. Me gusta todo: la clásica, el rock and roll, las baladas, los boleros.

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