FERNANDO VALLEJO, UN ESCRITOR MEXICANO MUY VERRACO

 

Héctor Palacio

 

El colombiano ahora mexicano desde 2007, no se anda con pendejadas, habla sin tapujos, sin pelos en la lengua, sin cortapisas. Ejerce la crítica radical contra quien lo merezca. Lo mismo le da si es el papa o el presidente; ambos son objeto de su desprecio. Es derecho, franco, irreverente, hiende la aguja ácida y aguda de la crítica certera en los ijares. No otorga ni pide tregua. La vida es una condición cabrona, hija de la chingada (en mexicano), una verraquera (en colombiano), para quien no ha pedido venir al mundo pero que aquí está y ahora se jode.

 Por supuesto, no hablo con el conocimiento absoluto de su obra. Para qué hacerse el güey. En el pasado leí La puta de babilonia, La rambla paralela y vi la versión cinematográfica de La virgen de los sicarios. Quizá no sea suficiente. Tal vez sí. Vallejo conserva la tónica o la discordancia, como una verticalidad en su obra. No por nada es un buen músico. Así se corrobora en la variedad de entrevistas disponibles en Youtube. Donde desarma fácilmente a los entrevistadores reacios, donde la ironía y el conocimiento del objeto de la crítica son puntuales.

Superado el lenguaje descarnado, directo, que se solaza en el adjetivo, que se aleja de la fantasía –de Gabriel García Márquez, por citar a alguien-, que a primera vista pareciera elemental por simple y de fácil lectura, se empieza a reconsiderar el valor de la verdad, su verdad, y la manera llana de expresarla; como un acicate contra la hipocresía, como un escupitajo deliberado. Y se va contra los ídolos, santones quienes no gratuitamente están fuera de su simpatía, sino que se lo han ganado a pulso. Contra Octavio Paz, el papa en turno (ese poderoso hombrecito disfrazado de mujer), Augusto Pinochet o Fidel Castro; contra quien se oponga a su veracidad, a su ética en favor de la verdad, a la condición humana justa y a la justicia para con los animales; y por si fuera poco, contra los malos usuarios de la lengua castellana.

 Fernando Vallejo recibe el premio de literatura en “Lenguas Romances” de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011 y dice lo que ningún otro escritor nacional a la hora de recibir un premio –cuando inclusive los más críticos han suavizado y matizado su posición frente al poder, cuando los “consagrados” se exhiben ante el mismo y las “nuevas generaciones” sonríen anhelantes-, ejerce su derecho de mexicano: despluma al PRI y al PAN, y dice, sobre todo, que el encargado del ejecutivo actual es “un hombre indigno del puesto que ocupa”. Tenía que ser un conocedor de la ruta Colombia-México quien estableciera las verdades del momento presente. Una claridad sin genuflexión ante el poder. Una crítica saludable. Se esté o no de acuerdo del todo con él, qué refrescante resulta su presencia en medio de la mojigatería y el oportunismo arribista, en medio del país que se llama México.

 Enhorabuena.

***

Desde la Feria del Libro de Guadalajara 2011

Fernando Vallejo y el adjetivo maldito

Desde el podio del homenajeado principal por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Fernando Vallejo puso su verbo a latigar a quien quería ser latigado. Nunca le faltó público. Compartimos aquí algunos episodios y el video de su discurso

Todos los que han tenido que hablar sobre Fernando Vallejo en esta XXV Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) no han podido evitar caer en la predecible letanía de adjetivos, una manera poco original de homenajearlo, pero efectiva sin duda. Es que son ya leyendas literarias aquellas listas interminables de adjetivos certeros y muchos recién desempolvados con que el colombiano marea a sus lectores con ese ritmo y esa sonoridad cantante de su prosa hiriente.

Pero sigue siendo tarea pendiente el adjetivo preciso, el adjetivo maldito que abarque a un hombre que ha ido contra todo lo que se da por sagrado. No le importa el público, no le importó en su discurso para inaugurar la FIL que entre sus escuchas estuvieran políticos y creyentes, funcionarios y anfitriones, y dijo lo más duro que pudo contra el PRI, el partido que gobernó México durante 70 años, y arremetió con sarcásticas metáforas contra el expresidente Fox y se lanzó contra la legitimidad de Calderón. No faltó quien se levantó y se fue, no faltó quien lo condenó en los periódicos del siguiente día: que si desagradecido, que si inadecuado, que si excesivo, que si amargado, que si indigno de que la FIL le haya dado el más importante premio en este aniversario emblemático.

“Cada vez que cogíamos una moneda, mi mamá nos decía: “Vaya lávese las manos m’hijo, que tocó plata”. (Allá a los niños les hablan de “usted”.) De unos niños educados así, ¿qué se podía esperar? Puros pobres. Me hubieran educado en la escuela del PRI, y hoy estaría millonario.” Y siguió al recordar a un tocayo suyo: “Fernando Rosas murió joven, una noche, allá por 1960, en Acapulco. Lo mataron por defender a un borracho al que estaba apaleando la policía. Fernando Rosas, tocayo, paisano, te mató la policía de Acapulco, los esbirros del presidente municipal. La siniestra policía del PRI, semillero de todos los cárteles de México.”

Y no paró ahí. En la conferencia de prensa, cuando algún periodista buscaba algún matiz a las palabras del discurso, se encontró con más contundencia: “Ellos dos (Fox y Calderón) son alcahuetes de todos los delitos del PRI y son unos vivos de la política, de los que yo llamo aprovechadores públicos, evidentemente que hay algo peor que los aprovechadores públicos, los atropelladores públicos, que estamos al borde de tener uno de esos, de otro Chavecito en México, entonces sí váyanse preparando para el desastre en grande, para que vuelvan a esto una cárcel como Cuba”.

En un encuentro con Consuelo Sáizar, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Conaculta, la institución anfitriona, abordé el discurso:
–¿Qué puede decir sobre el discurso de Fernando Vallejo en la inauguración y la polémica que desató? –le pregunté.

–En lo personal, si es un premio literario, yo prefiero escuchar discursos literarios… Creo con toda precisión que fue injusto con el presidente Calderón, pero es Vallejo.

–En Vallejo un discurso literario es como el que dio, él escribe así, y por eso lo premiaron.

–Él es un provocador, y todos lo entendimos así… este es un país que ha conquistado sus libertades de expresión por muchas décadas y hemos aprendido a enfrentar estas cosas… eso es lo que tengo para decir.
Nadie queda a salvo, ni sus lectores. En un evento titulado “Fernando Vallejo y sus lectores” cuatro estudiantes de letras leyeron sesudos textos para homenajearlo y demostrar su devoción. Vallejo los escuchó atento desde la primera fila del público, y luego subió a la mesa y no dejó ir la oportunidad para decir que sabía bien quién de los cuatro había disfrutado más de sus libros, el único que lo había comprendido, el joven Lennin Álvarez, “los demás no”, dijo sin tapujos y empezó a darles consejos: “Hay que seleccionar bien cada palabra, cada adjetivo, todo debe estar por algo en un texto”, y siguió: “Estudiando letras no se aprende a escribir, porque sus profesores no saben escribir, y no se puede enseñar lo que no se sabe, no se puede dar lo que no se tiene”, dijo, para ribete de los catedráticos presentes.

Este es Fernando Vallejo y estas su ideas literarias y existenciales. “El problema no es que haya tantos muertos, el problema es que habemos demasiados vivos”, dice una y otra vez el hombre que siempre escribe en primera persona, que solo escribe de lo que ha vivido, que ha vulnerado el altar de los sagrados, que habla con tono de abuelo cariñoso y que nunca levanta la mirada cuando dice lo peor que dice.

Sus novelas no se guardan nada, y cuando no tiene nada nuevo que novelar se dedica a desmitificar y despotricar contra las verdades establecidas que sostienen la cultura y la ciencia. Contra Darwin, contra Newton, contra Einstein. A veces cuenta la vida de otros, en un intento de elevar el género de la biografía a estadios superiores, y ahí arremete contra sí mismo: “Lo intenté, pero fracasé, no pude, y la biografía seguirá siendo un género menor de la literatura”.

Parece que Fernando Vallejo odia todo, pero no, ama y le obsesiona el español, aprendió a escribir solo y para eso hizo su propia gramática literaria, “Logoi”, que ahora es materia de estudio para quien quiere hacer arqueología de los recursos literarios, y sus novelas gozan de una técnica sin cuestionamientos; ama y le obsesionan las palabras en desuso, las que el tiempo ha malogrado; ama y le obsesiona la música vernácula, los versos del tango y la rancheras; ama y le obsesiona la vida de los animales, “los únicos seres vivos que son dignos e inocentes” suele decir.

Vallejo solo se repite a sí mismo, “mejor que ponerme a repetir a otros”, responde entre risas cuando alguien le acusa de poco original. “A mí no me importa hacer nada por la literatura, yo ya me voy a morir, ya voy de salida, tampoco me importa lo que hagan ustedes con la literatura, si cuando nos muramos de nada va a servirnos”.

Sirva o no, vale la pena leerlo y atestiguar cómo el insulto cobra estatus literario, cómo los adjetivos renuevan brillos y filo. Hoy véalo y óigalo en ese discurso, en el que deja claro quién es y a quién le habla.

Lea también: La bitácora de Élmer Menjívar en la FIL

 

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